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La versión de la ultrajada geisha que colaboró con Arthur Golden en Memorias de una geisha
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| Mineko Iwsaki desvela en estas memorias muchas ingógnitas sobre el mundo de esas elegantes damas dedicadas a las artes de la música, la danza y la conversación. Si durante más de trescientos años las geishas formaron una comunidad protegida por un antiguo código de silencio, Iwasaki despliega ante los ojos del lector su verdadera historia como integrante de un grupo de cuya peculiar actividad y caracter sagrado y secreto, nadie antes se había atrevido a hablar. | ||||||||||||||||||||||||
Mineko Iwasaki, con la ayuda de Rande Brown y una serie de editores ha sido capaz de presentar un libro de memorias ameno a la par que interesante, repleto de referencias culturales y un trasfondo que claramente no persigue el convertirse en un éxito en ventas, sino contar una historia tal cual. No puedo más que sorprenderme de la facilidad con la que me ha embelesado el escrito. Yo, que jamás había soportado leer unas memorias me he visto literalmente absorvido por la prosa y los episodios de Vida de una geisha. Así como para cualquier interesado en Japón y su cultura (como ya he dicho, no faltan referencias a festividades como explicaciones de ritos o tradiciones y alguna aclaración sobre conceptos malinterpretados por los occidentales) es además una lectura recomendable para casi cualquiera al menos con la idea de arrojar un poco de luz sobre prejuicios e ideas equivocadas que todos tenemos. | ||||||||||||||||||||||||
Libro enviado por Asterfall el 13 de Septiembre de 2005 | ||||||||||||||||||||||||
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